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Álvaro  Gómez

Álvaro Gómez

Comercial y Marketing

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La fidelización no es cuestión de software: el poder del empleado de primera línea

Soy de los que piensa que es mejor hablar claro en todos los contextos, pero en marketing más. Que ya de por sí nos encanta aplicar el marketing al marketing, y tanta venta interna en ocasiones puede empachar. Por eso, hoy me gustaría hablar de una casuística que nos solemos encontrar más de lo que nos gustaría. En concreto, de esos proyectos en los que inviertes meses diseñando un programa de fidelización que esté alineado con las expectativas y motivaciones de los clientes. 

Aquellos, que trabajan con una plataforma de CRM de última generación con los que podemos segmentar audiencias con automatizaciones avanzadas. Pero que luego, fallan en lo analógico; en la visita a la tienda física o en una llamada con el servicio técnico. En esos momentos de contacto directo en los que basta un trato frío o apático para destruir al instante la confianza que se intenta forjar desde marketing. 

Porque si bien, los beneficios de la tecnología tanto para las empresas como para sus clientes son incuestionables (conocimiento de los consumidores a niveles a veces obscenos, agilidad y personalización de servicios, automatización de procesos, y un largo etcétera), en ocasiones nos llevan a perder de vista otras dimensiones clave y muchas veces determinantes en la opinión que tienen de nosotros los clientes. Porque no nos engañemos, hoy en día parece que la lealtad de marca nace de un algoritmo. Y a mi parecer, la verdadera preferencia del consumidor se consolida en el contacto directo, donde los empleados de primera línea representan la cara humana de tu negocio.

Así, la transformación digital ha optimizado los embudos de conversión, pero ha generado un efecto secundario: la deshumanización de las marcas. La tecnología facilita transacciones rápidas, pero pocas veces construye vínculos emocionales profundos.

El contacto directo entre el personal y el consumidor actúa como el ancla emocional en la experiencia de cliente. Mientras que un flujo de correos electrónicos resulta impersonal, una interacción humana positiva genera cercanía y memoria de marca a largo plazo. ¡Es una gran oportunidad para dejar huella!

Y es que, si bien hoy resulta sencillo recomendar el producto adecuado o enviar una oferta el día del cumpleaños del usuario. Carecemos de la capacidad de percibir su estado de ánimo, más allá de la información que podamos obtener con las encuestas digitales. Y es aquí, donde la atención personal ofrecida por el equipo presencial aporta aspectos cruciales que la tecnología no puede replicar:

  • Empatía real: Capacidad de escuchar activamente y adaptar el discurso según el contexto del interlocutor.
  • Flexibilidad operativa: Resolución de problemas fuera de los guiones estandarizados cuando la situación lo requiere.
  • Lectura no verbal: Interpretación de gestos, tonos de voz y actitudes para anticipar objeciones.

Los "momentos de la verdad": el impacto psicológico en la memoria del cliente

Estas capacidades únicas que nos ofrece el contacto humano toman especial relevancia en los momentos críticos de la relación con un cliente, donde la percepción de marca se juega por completo. Los famosos y archiconocidos momentos de la verdad, aquellos que coinciden habitualmente con situaciones de alta carga emocional o frustración, conocidas como puntos de dolor.

Cuando una entrega se retrasa, un producto falla o surge un cobro indebido, la respuesta del personal determina si la relación se fortalece o termina para siempre. Un proceso automatizado suele aumentar la impaciencia; en cambio, la intervención de una persona capacitada puede transformar una mala experiencia en una oportunidad de rescate:

  • Error o Frustración | Respuesta Humana Empática | Mayor Confianza y Retención 

Y aunque no hay que ser científico para comprender esta relación de empatía con la gestión de la frustración y una buena experiencia final, siempre es mejor respaldar tu opinión por algún estudio reconocido. Y si el estudio ha sido realizado  por el no poco famoso psicólogo y Premio Nobel Daniel Kahneman, mejor que mejor. 

Kahneman formuló la Regla del Pico-Fin. Este estudio demuestra que las personas no evalúan una experiencia sumando cada uno de sus minutos. En su lugar, el cerebro juzga el evento analizando solo dos momentos concretos:

  1. El punto más intenso (el "pico", ya sea positivo o negativo).
  2. El modo en que finaliza la interacción.

Si un cliente experimenta un problema grave (un pico de dolor) y el personal de primera línea lo resuelve con amabilidad y destreza, la memoria global de la experiencia pasa a ser positiva. Es decir, el modo en que el empleado cierra el incidente define el recuerdo final y sus consecuencias en la relación con la marca.

Y es aquí, donde algunos responsables de marketing y trade marketing pueden cometer el error de diseñar estrategias de fidelización sin involucrar a quienes interactúan a diario con los clientes. Un programa de fidelización bien estructurado fracasa si el personal en tienda, el equipo comercial o de soporte no comprende su valor, su mecanismo y sus beneficios, ni los comunica con entusiasmo.

Por tanto, debemos interiorizar que alinear a los equipos es clave para aumentar el éxito del programa. Pero, desde Leben, recomendamos ir un paso más allá, o mejor dicho, un paso por delante. Y es incluir a parte de los responsables de los equipos de primera línea a participar en el proceso de diseño del programa. Dado que su aporte puede ser clave al conocer de primera mano lo que los clientes esperan. 

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